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miércoles, 15 de febrero de 2017

GATOS DE VIAJE

Desde niño siento fascinación por estos pequeños felinos. Observarlas, cuando se entregan a sus largas y profundas pausas, supone un placer inmenso, un regalo de la madre naturaleza presente en casa que me hace estar agradecido a la Vida constantemente, y que me lleva a imaginar, pretender recorrer al galope de las sacudidas de sus sueños, esos mundos que transitan en brazos de Morfeo.
En mi primera adolescencia, en casa de mis padres, donde nadie compartía mi atracción por estos duendecillos con bigotes, tuve mi primer gatito, no recuerdo ni cómo fue, ni cómo llegó a casa, pero sí de lo poco que tardó en desaparecer “misteriosamente”. Sin duda ese misterio vino a reafirmar mi pasión por ellos. Poco tiempo después mi novia, como se decía antes, hoy compañera de mi vida y de mis sueños, madre de mi hijo, me regaló, a modo de consuelo, un lindo peluche felino que todavía nos acompaña y que cuida de nuestra cama cuando el calor de nuestro amor no la habita.
Con el transcurrir de los años estos pequeños felinos se han convertido, además, en compañeros inseparables de nuestros paseos por el mundo. Los encuentro, o ellos nos encuentran, en los más diversos lugares, pero ahí están, no me preguntes cómo, surgiendo o tropezando con nuestras curiosas miradas, en casi todas nuestras salidas, y cuando aparecen el disparador de la cámara emite un ronroneo. En ese instante dejan de ser importantes rincones o monumentos, da igual si el susodicho está catalogado como patrimonio de la humanidad o dispone de cien entradas con cinco estrellas en cualquier web de viajeros, en ese instante sólo están ellos y yo para instalar un feudo en mi cámara de leves maullidos de indiferencia y celo. En cierta manera, siempre lo he pensado, ellos son los moradores y dueños de esas ruinas centenarias, herederos de los pasajes por ellas transitados que estos pequeños felinos guardan a buen recaudo tras las pupilas hipnóticas de sus ojos. Por eso cuando las miras se contraen, porque no quieren desvelar sus secretos.
Y en casa, cuando llegamos, aquí nos esperan ellas, estas dos hermosas gatas que hoy conviven con nosotros, no sólo bellas por fuera, para mostrarnos su enfado, por nuestra ausencia, con una sobredosis, diligente, de diversión e ingenio. 





















¡Os quiero!

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